martes, 4 de julio de 2017

El ser humano sin límites

Las narrativas con las que explicamos el mundo y a nosotros mismos son erróneas e, incluso, van en contra de la ciencia. Urge cambiarlas para superar la barbarie de la modernidad y mejorar unas  condiciones de vida que seguimos amenazando.



Como explica magistralmente el hindú Pankaj Mishra en su libro La edad de la ira la idea cuasireligiosa de un ser humano sin límites tiene su origen en la ilustración, en un contexto ideológico determinado. Y por ideológico entiendo precisamente lo que entendía el filósofo ilustrado Helvetius, la confrontación de formas de pensar que responden a los intereses de individuos, grupos o clases. Voltaire terminaría siendo uno de los plebeyos más ricos de su época. Como explica otro ilustrado, Tocqueville:

Mientras los reyes se arruinaban en grandes empresas y los nobles se agotaban mutuamente en guerras privadas, el pueblo llano iba enriqueciéndose con el comercio. El poder del dinero empezó a dejarse sentir en los asuntos del Estado. El comercio devino fuerza política, despreciada pero halagada. Gradualmente se fue extendiendo la cultura y despertó el gusto por la literatura y las artes. La mente pasó a ser un componente del éxito; el conocimiento, una herramienta de gobierno, y el intelecto una fuerza social; los hombres cultos participaban en los asuntos de Estado.

La acción racional, buscando el interés propio, era la forma de mejorar la condición personal, acción que no debía ser entorpecida por la costumbre, o las prerrogativas de nobles o religiosos. Para eliminar esas prerrogativas se hicieron revoluciones como la francesa.

La idea de la acción racional, y de la razón como medio de mejorar las condiciones del ser humano surge pues como una narrativa que justifica la preponderancia de un grupo (los burgueses) sobre otro (los nobles y religiosos). Sin embargo, esta idea termina cobrando vida propia y emancipándose de su función de justificación de clase, para convertirse en una idea que terminará dominando el sistema, sustituyendo a la idea de la salvación del alma inmortal en la otra vida, convirtiéndose en la idea metafísica que dota de sentido de último recurso las vidas de los individuos y por tanto justifica el sistema socioeconómico, por supuesto, ya despojada de toda medida o límite. Citando al propio Mishra:

Pero el futuro les pertenecía a ellos y a su vocación de no dejar títere con cabeza en el mundo político y social, de examinar todos los fenómenos a la luz de la razón, y considerar todo susceptible de cambio y manipulación mediante la voluntad y el poder humanos. Los philosophes aspiraban a aplicar el método científico, descubierto en el siglo anterior, a fenómenos ajenos al mundo natural: al gobierno, la economía, la ética, el derecho, la sociedad y hasta la vida interior. Como lo expresó D´Alembert, "la filosofía es la física experimental del alma". Nicolas de Condorcet esperaba que la ciencia garantizara "la infinita perfectibilidad de la especie humana".

Las ideas ilustradas no eran democráticas, con la excepción notable de Rousseau los ilustrados denostaban al pueblo. La acción racional era propia del ilustrado, hombre de mérito que se alza sobre la masa iletrada y vulgar. Los reyes son necesarios no sólo para centralizar el poder limitando el de la iglesia y la nobleza, sino para mantener controlada con mano firme y, en caso necesario, bayoneta en ristre, las veleidades de la plebe, zafia e irracional.

Estas ideas terminarían siendo la causa de innumerables protestas, rencor, ira, violencia desatada, genocidios, guerras, terrorismo, baños de sangre y limpiezas étnicas. Hoy en día siguen siendo causa principal de movimientos como el Estado Islámico, cuyo origen no está en la idiosincrasia musulmana, sino en la llegada de la modernidad a países que se están viendo sacudidos por ella como sacudió a Europa en el siglo XIX y principios del XX. Pero esa es otra historia. Hoy no quiero hablar de las consecuencias sangrientas de estas ideas, tan sólo apuntar su origen para a continuación volver a detenerme en un trabajo que nos sugiere unos límites, y que ya hemos citado en estas páginas a cuenta de la biodiversidad o integridad de la biosfera y del agua dulce, los Planetary Boundaries de un amplio grupo de autores liderados por Will Steffen y Johan Rockström.

Este marco de referencia, que nos llega desde las ciencias naturales, plantea unos límites o umbrales de seguridad en ciertos parámetros relacionados con el sistema Tierra en su conjunto que una vez traspasados nos colocarían en una zona de peligro, porque podrían llevar al planeta a un estado diferente.



La asunción es que la Tierra en su conjunto, al igual que los ecosistemas singulares, más que seguir procesos de cambio gradual, oscila entre estados estables, una perturbación de cierta entidad podría hacer que el sistema se desplace a un nuevo estado estable.



Sacar al planeta de su actual estado estable, conocido como el Holoceno, no parece una opción muy inteligente, algunas de las consecuencias hipotéticas más catastróficas las explorábamos en un artículo reciente de Autonomía y Bienvivir.

Este marco, que como hemos dicho es puramente biofísico, sin entrar en consideraciones económicas y sociales, ha resultado fecundo, dando lugar entre los años 2009 y 2015 a más de 60 publicaciones científicas. Además, si el artículo original de 2009 se publicó en la revista Nature, su actualización de 2015 se publicó en la revista Science, ambas compiten por ser la revista científica más prestigiosa del mundo. Su reconocimiento académico es innegable.

También ha inspirado otro marco que esta vez sí incluye la vertiente económica, y que se define en un libro que dará mucho que hablar (se traducirá al castellano en breve) y seguramente no gozará de un éxito tan fulminante como su “padre” de las ciencias naturales, ya que nos sugiere una forma de pensar y actuar que choca con los principios establecidos de la economía ortodoxa y con las políticas económicas usuales. Se trata de Economía Donut de Kate Raworth, que nos invita a desarrollarnos y medrar dentro de un donut cuyo límite superior son los umbrales de seguridad definidos por los Planetary Boundaries y cuyo límite inferior son las condiciones que permiten a los seres humanos cubrir sus necesidades humanas y a las que todo ser humano debería tener acceso: energía, alimento, agua, salud, educación, trabajo y renta, justicia y paz, voz política, etc.



Desgraciadamente, la mera existencia límites resulta aborrecible para los herederos de Condorcet que creen en la “infinita perfectibilidad de la especie humana”, y para el folclore intelectualoide a sueldo de las élites que están muy cómodas dentro del sistema. Aun así me ha sorprendido encontrarme con una crítica a los Planetary Boundaries en The New York Times. Su origen, un think tank que declara que el ambientalismo está muerto y que firma un Manifiesto ecomodernista (un oxímoron). Entre sus miembros nombres conocidos como Ted Nordhaus, sobrino de William Nordhaus, economista que encabezó la crítica, en algunos casos de forma bastante falaz, al famoso Los Límites del Crecimiento. La filosofía del grupo y del “ecomodernismo” queda clara en el siguiente párrafo de su crítica:

La clave de unos mejores resultados ambientales no es cesar la alteración humana de los ecosistemas sino anticipar y mitigar sus consecuencias negativas.

Los ecomodernistas reniegan del ambientalismo de conservación, y confían en una modernización más profunda, basada en el desarrollo tecnológico, para mantener y expandir ecosistemas alterados por el hombre y puestos a su servicio. Por desgracia, sus supuestos descansan en premisas falsas, como queda claro al analizar su crítica a los Planetary Boundaries y las respuestas de Steffen y Rockström.

Esencialmente su crítica descansa en tres argumentos. Primero:

Contrariamente a la declaración de los autores de que el Holoceno es el “único estado del planeta que conocemos con certeza pueda dar soporte a las sociedades humanas contemporáneas”, los ecosistemas alterados por los humanos del Antropoceno representan el único estado del planeta que conocemos con certeza puede dar soporte a la civilización contemporánea.

Como vemos, los ecomodernistas abrazan sin complejos el Antropoceno. Pero, como bien puntualiza Rockström:

Por supuesto que las especies y los ecosistemas han evolucionado con anterioridad al Holoceno, pero sólo en el entorno estable del Holoceno han sido los humanos capaces de explotar el sistema Tierra a una escala global (por ejemplo, inventando la agricultura como respuesta a la estabilidad hidro-climática del Holoceno).

En segundo lugar:

Cuando un umbral global es desconocido o no existe, no hay una forma científicamente robusta de especificar tal límite – determinar un límite a lo largo de un continuo de cambio ambiental se convierte en una cuestión de conjeturas o especulación.

De hecho, los ecomodernistas sólo admiten la existencia de umbrales para el cambio climático, la acidificación del océano y la desaparición de la capa de ozono. Pero como bien explica Steffen:

Las críticas muestran incomprensión de la naturaleza de los sistemas complejos como el Sistema Tierra y su forma de operar. Por ejemplo, Ellis et al, afirman que un proceso no es importante a menos de que tenga un umbral. Incluso un conocimiento superficial del ciclo del carbono, por ejemplo, muestra que esto es un disparate. Ni los sumideros marinos de carbono ni los terrestres tienen umbrales conocidos a gran escala, pero son extremadamente importantes para el funcionamiento del sistema climático, que de hecho tiene umbrales conocidos a gran escala como la fusión de la capa de hielo de Groenlandia.

Como vemos se usa umbral como sinónimo de punto de inflexión (tipping point). Aunque se puede poner un límite a un proceso que no sufre un punto de inflexión, no es cierto que no haya puntos de inflexión en cuanto a lo que los autores denominan integridad de la biosfera. A veces la velocidad del cambio es muy lenta, pero ello no debe confundirse con la no existencia de puntos de inflexión.



En un artículo de 2013 en el que participa Rockström, y que podéis leer íntegramente sin pagar, se explica cómo los paleontólogos han determinado que la vida en la Tierra ha pasado por varios puntos de inflexión. Así, al alcanzarse un cierto umbral de oxígeno en la atmósfera y en el océano durante la era precámbrica permitieron la evolución de especies marinas más complejas que las bacterias que existían hasta ese momento. Posteriormente sobrevino la explosión cámbrica en la que numerosos filos aparecieron. Una teoría apunta a que esto fue posible al alcanzarse un umbral en la complejidad genética, y que cambios en la regulación de los genes propiciaron una explosión de novedad. Durante el Devónico la polinización y el transporte de semillas por animales dio lugar a una gran dispersión de las plantas angiospermas, en un planeta hasta entonces dominado por plantas gimnospermas, lo que llevó a un cambio radical de los ecosistemas terrestres. Por último, si exceptuamos el antropoceno, a finales del Cretácico, cambios en el clima y un shock externo causado por un meteorito llevaron a la extinción de los dinosaurios, que a su vez propició la proliferación de los mamíferos.

Una última crítica, carente de sentido y que delata la animadversión visceral de los ecomodernistas a una realidad natural que atenta contra su visión del mundo, se refiere a la utilidad del marco de los Límites Planetarios para la acción política.

Los retos medioambientales del mundo real como contaminación por nitrógeno, el consumo de agua dulce y el cambio en los usos del suelo son en última instancia una cuestión política, en el sentido de que hay ganadores o perdedores, y las soluciones tienen que ser negociadas entre los afectados. La idea de un grupo de expertos determinando de arriba hacia abajo límites globales en esas actividades y procesos ignora esas inevitables compensaciones y parece impedir la resolución democrática de esas cuestiones.

La respuesta es sencilla:

Como nuestra investigación muestra, las ciencias naturales muestran que hay evidencias de que una gestión global de algunos retos medioambientales es necesaria. Desde la literatura de las ciencias sociales así como del mundo real del quehacer político, vemos que esa regulación a escala global se puede construir de forma democrática y establecer un espacio seguro de operación, por ejemplo, el protocolo de Montreal, un acuerdo global para gestionar uno de los límites planetarios identificados y el cual, por lo que sabemos, nunca es considerado “una autoridad global gobernando la humanidad” […] Los objetivos de Aichi (dentro de la convención de Naciones Unidas para la Diversidad Biológica) de preservar áreas marinas y terrestres para su conservación son también un buen ejemplo de la traslación política de preocupaciones basadas en la ciencia sobre la pérdida global de biodiversidad.

El ecomodernismo es a día de hoy una pequeña erupción cutánea fácil de tratar y de contener en un ámbito como las ciencias naturales. Una cuestión mucho más espinosa es conseguir que un marco coherente con las ciencias naturales como el de la Economía Donut sea adoptado como principio rector de nuestra sociedad. Porque no nos engañemos, Condorcet que pensaba que la ciencia contribuiría a la infinita perfectibilidad de la especie humana, nunca pensó que la ciencia nos permitiese conocer que el ser humano no es infinito, ni siquiera la especie humana, que tiene límites, y que traspasarlos implica hacernos daño.

El ser humano habita un universo simbólico, utiliza relatos y narraciones para explicar el mundo y darle sentido. El relato fundamental que explica y justifica la modernidad es el del ser humano racional que dejaba atrás la irracionalidad religiosa. Lo que queda fuera del marco es que la salvación eterna sería sustituida por una religión secular de progreso que proporcionaría un sentido de transcendencia al ser humano. Podíamos perder nuestra alma pero no éramos solo polvo de estrellas sino parte de una especie que transcendería sus limitaciones biológicas para viajar al espacio, ser inmortales y extender un dominio sin límite sobre la naturaleza. No es necesaria el alma cuando se aspira a ser Dios. Para mantener este sueño metafísico dejamos de escuchar las enseñanzas de la ciencia, algo difícil, ya que forma parte de los pilares y cimientos de ese sueño, y que sólo es posible con cierta bipolaridad neurótica. Contradicciones que desgarran a los individuos.


Hace falta un nuevo relato que sustituya al de la modernidad, y necesariamente no será sólo racional.

11 comentarios :

  1. Cualquier tiempo pasado no fue mejor...pero tampoco el tiempo actual es ni mucho menos la cúspide de la historia universal. Se acentúa cada día la nueva barbarie, mucho peor que la antigua, porque de algún modo incluso los viejso bárbaros sabían que hay límites. ¡Qué terrible la ignorancia de los límites que caracteriza a la dichosa modernidad!

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    1. El actual es la cúspide.

      Sino dime tu una mejor época.

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    2. Cúspide de la transformación de recursos naturales, entendemos que sí. Al final la cúspide depende de la variable que estés considerando en el eje de ordenadas.

      saludos Jarenito

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  2. Muy bueno ...Me lo estoy leyendo el de Pankaj Mishra... también me leí el anterior sobre los imperios y me resulto sorprendente y claro por ahí va lo del ISIS...como bien dices ..pero este tema de ahora ya lo conocía bastante ...Y digo una cosa ... También me dio por leer a Heidegger no solo por el debate del antisemitismo sino por el debate sobre la modernidad y su influencia y entenderlo que nunca me había metido a fondo con él, y es curioso que dicen los posmodernos o ultramodernos o modernos líquidos, que siendo que él consideraba al ser como finito van y ellos lo vuelven a considerar INFINITO y como una vuelta a la teología y teleología que el mismo critico o demolió.. Incluso en los términos formulados en absoluto. Muy neoliberales e ilustrados igual por cierto . Como una imagen del hombre nuevo como un astronauta en el espacio pero atendido como si fuera una persona en un hospital totalmente intubado. Algo así .Heidegger de todas formas al hacer una secularización teológica atea u ontología se mantuvo en el UNO , .Y así, límites del pensamiento y de paso de las “clases” antes y ahora. Me quedo con W. Benjamín .

    Volverá pasar para leerme bien la segunda parte de tu artículo.

    Un saludo .

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    1. Hola LDMuras,

      Muchas gracias por tu contribución.

      un saludo,

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    2. Me quedo con W. Benjamín en su critica de la idea de progreso..
      quise decir .. salud

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  4. Gracias a ti , repetí, pense que no salía , borralo si quieres este repetición . no se no pude borrarlo .. Salud.

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  5. Me ha gustado mucho el artículo y sobre todo el final, hace falta un relato y esté no será solo racional. Como yo también estoy en estos temas de narrativas, marcos, metáforas... te dejo a tí y a los lectores que quieran profundizar un poco más, lo último que he encontrado en esta temática de narrativa y de postverdad. Empieza con una cita que resume mucho tu artículo.
    "Los hechos no hablan por sí mismos, necesitan ser contados. Cómo y quien los cuenta tiene un significativo efecto"
    https://www.gcr21.org/fileadmin/website/daten/pdf/Publications/Political-Storytelling_2198-0403-GD-12.pdf

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    1. Buenas Bienestar,

      Gracias por tu contribución, espero poder hablar contigo del tema pronto.

      un saludo,

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