domingo, 23 de octubre de 2011

El fantasma del BANCOR y otras sombras del siglo XX

Patrón Oro
BANCOR
Acuerdos del Plaza y Louvre
Endaka
Polos monetarios

Keynes durante la conferencia de Bretton Woods. La sombra de aquella cita continúa presente

Queridos lectores,

En este post intentare explicar el sistema monetario internacional, su génesis, desarrollo y continua evolución de la mano de los shocks políticos y económicos que lo fueron moldeando y a los que a su vez él mismo contribuyo en gran medida.

¿Por qué es necesario un sistema monetario internacional? Simplemente porque existe el comercio y existen las relaciones económicas y financieras entre distintos países. Este orden será bueno en la medida en que garantice y favorezca el comercio y las relaciones justas entre ellos. Evidentemente, en el momento en que surge un orden (o una ausencia de orden) injusto la economía tenderá a resentirse.

La cuestión fundamental es que utilizamos dinero como medio de intercambio, y el dinero que utilizamos no tiene valor intrínseco, pero las mercancías que compramos con él si. El valor del dinero depende de la confianza, y en la medida en que el sistema jurídico y económico tienda a garantizar esta en su justa medida, los juegos del intercambio podrán mantenerse.

En la anterior entrada del blog veíamos como se reflejan los intercambios económicos de un país con el resto del mundo en la balanza de pagos. El flujo principal es el comercio aunque no el único. Veíamos también un ejemplo sencillo de comercio por medio del trueque, pero ¿como se comercia con monedas?

En el comercio actual intercambiamos unas monedas por otras pero el exportador o importador necesita convertir la moneda extrajera a moneda nacional. Si no queremos que nos timen es fundamental saber cuanto vale cada moneda ¿y como se determina esto? como ya comentamos también anteriormente en el sistema actual se determina en función de la oferta y la demanda de esa moneda, y tanto una como otra se deberían ver modificadas por los intercambios económicos que se reflejan en la balanza de pagos.

Volviendo a nuestro ejemplo sobre Atenas y Esparta, imaginemos que ambas ciudades tienen su propia moneda y que la relación de cambio es uno a uno ATN/ESP = 1. Supongamos que Esparta se dedica a la cría de ovejas y Atenas a la de cabras. Los atenienses deciden comprar 4 ovejas y los espartanos solo 3 cabras, y cada animal vale 100 monedas. Los espartanos pagan en su moneda y los atenienses en la suya. Nos encontramos con que los espartanos se llevan a casa 400 monedas atenienses y 300 monedas espartanas se quedan en Atenas. Como no les sirven como medio de pago en sus ciudades deciden cambiarlas, y cambian al tipo de cambio establecido ATN/ESP = 1, y el resultado es que se quedan 100 monedas atenienses “perdidas” en Esparta ¡ya nos han timado! Lo lógico es que se cambie la totalidad a un nuevo tipo de cambio ATN/ESP = 3/4.

La moneda ateniense se ha devaluado y la espartana se ha reevaluado. ¿Por qué? Lo fundamental aquí es la relación de intercambio de los bienes. En este caso el dinero cumple una función de intercambio. En un ejemplo tan sencillo se podría recurrir directamente al trueque, pero cuando lo producción crece y los intercambios comerciales implican un gran número de particulares y bienes, es el valor de la moneda el que tiende a restablecer la relación de intercambio.

Cuando tengo un déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos estoy aumentando la oferta de mi moneda nacional en los mercados cambiarios internacionales, y a la inversa, cuando tengo un superávit estoy aumentando la demanda de mi moneda.

Esto que acabo de exponer es evidentemente una simplificación. Podría variar por múltiples motivos, por ejemplo que las monedas tengan valor en si mismas, como ocurría con el antiguo dinero-mercancía. O si por cualquier razón me interesa acaparar la moneda extranjera. Aquí el dinero estaría cumpliendo una función distinta, la de reserva.

Este mecanismo debería lograr que las relaciones económicas y comerciales entre los países se equilibrasen. Al disminuir el poder de compra de la moneda ateniense compraré menos ovejas, y al aumentar el valor de la moneda espartana estos comprarán más cabras. Sin embargo esto no sucede así, ya que el mundo lleva ya casi un siglo sin encontrar un sistema que funcione para el comercio. Lo cual ha contribuido en buena medida a las guerras mundiales, la gran depresión, la crisis del petróleo (o crisis del dólar), la crisis de deuda de los países del tercer mundo y recientemente las crisis financieras y cambiarias, como la de los Tigres Asiáticos, hasta llegar por fin al momento actual. Esta mal llamada crisis “subprime”, que es el 3er gran pánico bancario global, después de las ya citadas Gran Depresión y crisis Asiática.

Patrón Oro

En efecto, la historia del sistema monetario internacional durante el último siglo, va paralela a los continuos shocks políticos que convulsionaron el siglo XX y continúan en el siglo XXI.

Como decíamos, este orden surge de la necesidad de garantizar el comercio. Antiguamente este se realizaba mediante trueque, que es muy ineficaz dado que no permite una transacción entre dos personas si ambas no poseen el bien que desea la otra persona. Por está razón surge el dinero, un bien que es aceptado como medio de intercambio por una comunidad. Dinero puede ser cerdos, dientes de ballena, conchas, cacao, etc. De nuevo surge el problema del trueque en el contexto internacional, ya que los dientes de ballena pueden ser muy apreciados por una comunidad pero inútiles en otra. Y así llegamos al concepto de divisa que es un medio de pago aceptado en una zona mucho más amplia que una comunidad.

En la edad media y el renacimiento el comercio floreció alrededor del oro.

Históricamente el oro ha cumplido el papel de divisa mientras a nivel local se fijaba su cambio con otras monedas de plata, cobre, bronce, etc. Por ejemplo, el emperador romano Julio Cesar estableció el cambio oro/plata en la relación 1/12. Posteriormente surgió el papel moneda, que tenía características muy distintas al que utilizamos ahora, estaba respaldado por moneda local de oro o plata y era emitido por cualquier banco. En el fondo era un papel que decía que podías ir a recoger tu oro al banco en cualquier momento. La “costumbre” de los bancos y de los estados de emitir papel moneda y letras de cambio respaldadas por supuestas extraordinarias reservas de oro, presentes o futuras, que finalmente eran bastante exiguas, provocó los primeros pánicos bancarios. Cuando llego la supervisión algunos bancos llegaron a enseñar a los inspectores un baúl lleno de clavos y cubierto por encima por algunas monedas de oro, pera esa es otra historia.

Entre 1.870 y 1.914 el sistema del patrón oro dio estabilidad al comercio, mediante un sistema de tipos de cambio fijos que garantizaba los ajustes de las balanzas de pagos de forma automática. Se basaba en el compromiso serio y creíble de los estados de mantener un tipo de cambio fijo con el oro, y por lo tanto con el resto de monedas que también estaban fijadas al oro. Así, si una onza de oro se cambiaba por 10 libras esterlinas y por 20 francos franceses, el tipo de cambio Libra/Franco sería igual a 2.

Con este sistema, cuando Francia tenía un déficit comercial con el Reino Unido, de forma que aumentaba la oferta de francos en los mercados cambiarios internacionales, y por lo tanto el franco tendía a devaluarse, los inversores tendían a cambiar francos por oro. Eso producía una perdida en las reservas de oro del banco central. Pero los bancos centrales estaban obligados a mantener una proporción entre el dinero en circulación y las reservas de oro, por lo que debían contraer la oferta monetaria. Esa disminución de la oferta de dinero, y según la ecuación que ya explicamos en su momento:

M  = k x P (u otra, es indiferente)

ocasionaba una disminución de los precios internos, y está disminución de los precios permitía exportar más (e importar menos) bienes, restaurando el equilibrio de la cuenta corriente de la balanza de pagos.

Los enormes déficits ocasionados por la 1ª Guerra Mundial hicieron salir a los países contendientes del patrón oro.

15.000 tumbas de soldados franceses y un osario con los restos de 130.000 hombres sin identificar se yergue en Douaumont, una pequeña parte de los 300.000 hombres cuyos huesos continúan esparcidos por el campo de batalla de Verdun

Los países imprimieron papel moneda para pagar los déficits, aumentando la oferta monetaria, lo que provoca su devaluación. En esas condiciones al público le convenía cambiar el papel moneda por oro, por lo que los gobiernos deciden eliminar la convertibilidad de las monedas para no perder sus reservas de metal. Finalmente todo el oro llego a Estados Unidos, donde ya desprovisto de su demanda monetaria perdió gran parte de su valor.

La realidad es que este sistema funcionó bien durante 44 años por pura casualidad. Mantener un cambio fijo de la moneda respecto al oro hace depender el índice general de precios de la oferta y la demanda de oro. Si el oro baja de precio la moneda se devalúa, y por lo tanto todo pasa a ser más caro. Si el oro sube de precio la moneda se revalúa y por lo tanto todo baja de precio, es decir, entramos en deflación.

El intento de recuperar el patrón oro en el periodo de entreguerras, convertido ahora en un patrón cambio oro, con solo dos monedas, dólar y libra esterlina, convertibles por oro, y las demás manteniendo un tipo de cambio fijo respecto a ellas, ocasionó una gran deflación. El oro aumentaba de nuevo su demanda al recuperar su uso monetario, pero la producción de oro empezaba declinar, y el crecimiento de reservas de oro no era parejo al crecimiento económico y por tanto monetario. En consecuencia, el oro valía bastante más que antes de la 1ª Guerra Mundial, y sin embargo erróneamente se trato de mantener la misma relación de cambio con las monedas, lo que causó la deflación. A esto se unió el estallido de la burbuja financiera en la bolsa de Nueva York, y las medidas proteccionistas en el comercio, que provocaron una caída de la demanda. Estos sucesos se conocen popularmente como la Gran Depresión.

Unas ridículas figuras metálicas en Washington, DC, recuerdan las largas colas de desempleados
 
132 meses de recesión, una caída del PIB del 22% en términos reales (ajustada a la inflación) y un índice de paro del 24,9 %.

Finalmente todos los países terminaron abandonando el patrón oro y las monedas perdieron el tipo de cambio fijo. Los países se entregaron a devaluaciones competitivas y otras medidas proteccionistas, lo que unido a la mala situación económica condujo en gran parte a la II Guerra Mundial.

La cúpula de Genbaku permanece tal y como quedó tras la detonación nuclear en Hiroshima

BANCOR

El final de la guerra nos lleva al ya mencionado periodo de Bretton Woods. Durante esta conferencia internacional, el gran economista John Maynard Keynes realizó una propuesta que consistía en la creación de una moneda internacional llamada BANCOR, vinculada a las divisas (dólar, libra esterlina, marco, franco, yen) y canjeable por moneda local.

Lo más interesante de la propuesta es que requería tanto de los países deficitarios como de los países superavitarios un esfuerzo por alcanzar el equilibrio. En efecto, la Cámara de Compensación Internacional, encargada de la emisión de esa moneda, cobraría un impuesto a los países con superávit que serviría para ayudar a los países con déficit. Esto haría que esos países aumentaran las importaciones favoreciendo el comercio internacional y aumentando la demanda y el crecimiento global. Evitando que algunos países depriman artificialmente su demanda interna, provocando a la larga unos desequilibrios perjudiciales tanto para los países deudores como los acreedores, como se esta comprobando con la situación de Japón y China respecto a EEUU, y con los países del norte de Europa respecto a los llamados PIIGS.

Resulta particularmente curioso que está propuesta se haya colado en los últimos tiempos en la agenda de las conspiraciones temidas por la izquierda. Un síntoma de la confusión reinante ¿De donde provienen estas ideas contrarias a una unidad de cuenta mundial? Existe un corriente austriacoliberal que culpa al despilfarro de los gobiernos y al oligopolio ejercido por los bancos centrales de la situación actual, y que está alimentando otros movimientos de ideología antiestatal, como el anarquismo. Con el sistema de Keynes del BANCOR sería compatible, hasta cierto punto, conseguir el quilibrio de la cuenta corriente de la balanza de pagos y que cada país intervenga en su política monetaria según sus intereses nacionales. Sin embargo, toda organización supranacional es mirada con desconfianza, a pesar de que su influencia podría ser muy limitada.

Esas ideas progresistas serían desechadas y se volvió a un patrón cambio oro dólar. La moneda norteamericana era convertible por oro y las demás fijaban su valor respecto ella. Era un patrón bastante inadecuado, la oferta de la moneda internacional, se crearía incurriendo el país emisor en déficits, por lo que hubo varias crisis de liquidez entre 1.968 y 1.970, es decir, una deficiente oferta de moneda que podría ocasionar deflación. A pesar de eso, se conjugaron una serie de factores que dieron lugar a una etapa de crecimiento sostenido y redistribución de la riqueza, que incidió de forma muy significativa en el conjunto de la población.

El sistema se vino abajo cuando el país emisor de la moneda comenzó a hacerlo en exceso, esterilizando los déficits. Ya hemos explicado en otros post que en 1.971 se elimina la convertibilidad de oro por dólar, en gran parte debido a la guerra del Vietnam.

En el conocido muro en recuerdo a los caidos en Vietnam están grabados 58.000 nombres

En 1.973 se abandonan los tipos de cambio fijos, y se deja que las monedas floten según los designios del mercado, y en 1.975 se crea una fuerte demanda de dólares vinculándolo al petróleo. Los países productores de petróleo formaron un cartel, y en 1.973 deciden fijar los precios de forma monopolista, y por último en 1.975 deciden que el petróleo solo sea comercializado en dólares. Si habéis seguido con atención las vicisitudes del patrón oro quizás estáis comprendiendo que las implicaciones de esto son enormes y terribles ya que el nivel general de precios de todos los productos exportables está vinculado al dólar y este de alguna forma al petróleo.

Acuerdos del Plaza y Louvre

Este sistema de tipos de cambio flotantes no ha permitido nunca un ajuste automático del comercio, como en principio establece la teoría (según mostrábamos en el ejemplo entre Atenas y Esparta), y de hecho tuvo que se parcheado en dos ocasiones, con los acuerdos del Plaza y los acuerdos del Louvre. En el primero de ellos se acordó realizar una intervención coordinada en los mercados cambiarios para lograr una reevaluación del yen y el marco alemán frente al dólar con la intención de disminuir el enorme déficit comercial que acumulaba EEUU. Desde que Paul Vockler llego a FeD y subió los tipos de interés por encima del 20%, consiguiendo controlar la inflación, el dólar no había dejado de apreciarse. Curiosamente apenas un año después, el tiempo transcurrido entre septiembre de 1.985 y febrero de 1.987, fue necesario alcanzar un nuevo acuerdo para frenar su caída a plomo.

Para Alemania y Japón cuyas monedas se reevaluaron un 30 y un 50% respectivamente, este acuerdo significo la perdida de gran parte de sus ahorros, ya que la deuda que tenía EEUU con ellos ahora valía mucho menos. A cambio recibieron “una mejora de sueldo”, un mayor poder de compra de su moneda. Las economías de estos países deberían centrarse ahora en la demanda interna en lugar de en la demanda externa. La historia terminó bien para Alemania, que utilizó la nueva fortaleza de su moneda para endeudarse y completar en muy poco tiempo y con éxito la reunificación del país. Sin embargo, a pesar de la portentosa reevaluación del yen, el déficit comercial se redujo pero no llego a cerrarse, pese a lo cual para Japón los acuerdos del Plaza fueron otra de esas historias que acabó mal. La mala gestión de la nueva situación económica, aplicando excesivos estímulos para fortalecer la demanda interna, y un sector financiero desregulado a comienzos de la década, provocaron dos enormes burbujas de cuyos efectos todavía no ha llegado a recuperarse.

Endaka

Paradójicamente, a pesar de la pobre coyuntura económica han venido padeciendo de forma continua el “Endaka”, una apreciación del yen por encima de lo esperado, dificultando las exportaciones.

El sistema no es capaz de encontrar el equilibrio marcado por la teoría, pero, ¿estamos ante un sistema de cambios flotantes? ¿o de capitales flotantes?

Tras el acuerdo del Louvre se decidió cooperar entre las principales economías para mantener unos tipos de cambio que favorecieran al conjunto por encima de intereses particulares. Ese acuerdo solo incluía un minúsculo G6 (incluyendo un país intranscendente como Canadá y que me perdonen los canadienses), y se abandonó enseguida. Desde entonces las divisas (dólar, yen, euro) flotan libremente, a pesar de lo cual no se alcanza el equilibrio que establece el marco teórico. Por su parte el resto de monedas están intervenidas por los bancos centrales. El país hace una “oferta” al resto del mundo, y trata de impedir que la moneda se reevalué para no perjudicar las exportaciones, haciendo un “dumping comercial” al resto. Tampoco puede permitir que la moneda se devalúe, porque perjudicaría la entrada de “capitales flotantes”, los flujos monetarios que se necesitan para financiar las inversiones en el país.

Los “capitales flotantes” siguen la dinámica conocida como “carry trade”, que consiste en endeudarse en países con tipos de interés cercanos a cero, como Japón, e invertir en países que ofrecen un alto tipo de interés, como Brasil o China. Lógicamente deben tener en cuenta no solo la rentabilidad de la inversión, sino también el riesgo cambiario. Así, de un “carry trade” entre el yen y el real brasileño, se podría esperar un 10% o 15% de rentabilidad anual, pero si el real brasileño comienza a devaluarse en cuestión de semanas, esa rentabilidad se puede convertir en negativa.

Para defender su “oferta” ante el mundo, el banco central dispone de divisas en sus reservas, para proteger el tipo de cambio. Cuando el país resulta atractivo a los “capitales flotantes”, estos cambiarán divisas por moneda local para realizar sus inversiones. Eso crea una fuerte demanda de la moneda local y el banco central para evitar la reevaluación cambiara moneda local contra divisas, ampliando la oferta hasta igualar la demanda sin que llegue a modificarse el precio. Durante este proceso el banco central acumula divisas y de hecho es así como China ha llegado a acumular su gigantesca montaña de dólares. Por el contrario, cuando la rentabilidad obtenida en el país empieza a estar en entredicho, los inversores deshacen las posiciones en moneda local cambiándolas por divisas y el banco central tratará de absorber el exceso de oferta de su moneda cambiándola por las divisas acumuladas.

También se suelen subir los tipos de interés a niveles muy altos, pero la crisis cambiaria se desata cuando el banco central agota su reserva de divisas. En ese momento no le queda más remedio que permitir la libre flotación de la moneda y estas pueden llegar a perder el 80% de su valor. Eso hace que los créditos en moneda extranjera aumenten un 500% su importe, lo que ocasiona la quiebra de empresas y el desempleo masivo, justo en el momento en que se desata una inflación enorme sobre los bienes exportables, como por ejemplo los alimentos.

Esta dinámica del “carry trade” me ha llevado a preguntarme si existirá una relación entre la apreciación del yen y las estampidas de “capitales flotantes”, deshaciendo posiciones en monedas locales por posiciones en yenes.

En está gráfica se puede observar la evolución del yen y el dólar, lo que los japoneses llaman “Endaka” Aquí tenéis las tasas de cambio históricas del yen con el dólar.



Crisis cambiaria mexicana (diciembre de 1.994): El yen se venía apreciando de forma constante hasta junio de 1.994, a partir de esa fecha comienza a fluctuar pero estabilizado dentro de una pequeña franja. Desde diciembre hasta mayo del año siguiente se aprecia un 20%

Crisis cambiaria de sureste asiático (julio 1.997): El yen se venía depreciando de forma constante, ya que Estados Unidos estaba absorbiendo gran cantidad de “capitales flotantes” que se dirigían a la burbuja “punto com” Esa tendencia se rompe en mayo de 1.997 cuando se aprecia un 9%, el siguiente mes se aprecia otro 2%, y luego continua su tendencia a depreciarse.

Crisis cambiaría rusa (agosto 1.998): Nuevamente el yen se venía depreciando de forma continúa, en agosto comienza a apreciarse y entre septiembre y noviembre se aprecia un 22%.

Crisis cambiaria brasileña (enero 1.999): No hay efecto aparente, va fluctuando en torno al valor alcanzado tras la crisis rusa, aunque realmente el alza del yen entre septiembre y noviembre de 2.008 podría deberse a la crisis brasileña.

Crisis cambiaria argentina (enero 2.002): No se observan grandes variaciones en el tipo de cambio del yen. Hay que tener en cuenta que poco antes pincha la burbuja de las punto com.

Mi intuición de que las crisis cambiarias se deben de ver reflejadas en la apreciación del yen por la dinámica de la estampida de los “capitales flotantes”, cambiando posiciones en moneda local y retornando al yen, se ve reflejada en los tres picos de la gráfica coincidiendo con la crisis mexicana, del sudeste asiático y ruso-brasileña. Sin embargo, el sistema es tan complejo que no existe una correlación clara. Hay que tener en cuenta que Estados Unidos y Europa también han tenido periodos con muy bajos tipos de interés, por lo que con toda seguridad muchas operaciones de “carry trade “se habrán iniciado desde estas regiones. Por otro lado no es obligatorio volver a la moneda de origen, aunque si puede ser lógico si no hay otras oportunidades inmediatas.

En el proceso se debería observar que la apreciación del yen se produce antes de la crisis cambiaria, por lo que considero que si bien algún tipo de flujo de capitales fue originado por la crisis mexicana, la correlación más directa la tenemos en la crisis del sudeste asiático y en la crisis ruso-brasileña.

La tasa de interés y otras variables económicas influyen en el tipo de cambio, si bien según el modelo teórico todas estas variables deberían alcanzar un equilibrio. Pero lo que en realidad tenemos son grandes desequilibrios comerciales y una creciente volatilidad provocada por los pánicos incontrolados de los “capitales flotantes”. A ello también contribuye la creciente desregulación financiera, que ha ido creando nuevos instrumentos para propiciar las inversiones en cartera, mucho más líquidas y por tanto rápidamente canjeables que las inversiones directas.

La gravedad de estos problemas es enorme, lo que ha hecho a China pedir la reforma del sistema. Y como ya indicamos en otro post, Francia, Alemania y Rusia lo consideran su prioridad para la próxima cumbre del G20, y los BRICS en su conjunto lo han declarado una prioridad. El FMI trabajó seriamente sobre el tema a comienzos de año, haciendo hincapié en los desequilibrios globales, los tipos de cambio, que no se ajustan a los fundamentos macroeconómicos y son muy volátiles, y los enormes flujos de “capitales flotantes”, como causa adicional de desestabilización.

Una de las patas de la reforma consistía en diversificar las reservas para lo que se pensaba potenciar el rol de los Derechos Especiales de Giro (SDR), que no es en si una moneda, sino un derecho de canje sobre cualquier moneda, y que está referenciado a una cesta que incluye el dólar, euro, yen y libra esterlina. Durante la primavera se celebraron diversas conferencias y encuentros tratando de poner el asunto en la agenda. Dominique Strauss-Kahn hablaría de ello en la cumbre del G8 en la ciudad francesa de Deauville, pero el 26 de mayo, el día de inicio de la cumbre, el ex-director gerente del FMI se encontraba en una celda de la prisión de Rikers Island.

La extraña historia de DSK ha inspiró dos teorías de la conspiración.:una convencional y otra alternativa.

Con los actores secundarios fuera de juego será en noviembre, en la cumbre del G20 en Niza, cuando los actores principales, los jefes de estado, aborden la cuestión. Como es obvio, no saldrá nada de la reunión.

La palabra adecuada para definir este sistema es insostenible. La finanzoglobalización es uno de los mayores monumentos a la estupidez humana jamás construido.

En Berlín se yergue este inquietante monumento al holocausto judío

Un monumento construido a un ídolo de barro: “la eficiencia de los mercados” ¿Como hemos podido creer que los movimientos de un rebaño, que pasa de la “confianza”, a los pánicos incontrolados en cuestión de semanas, son eficientes? ¿Quien nos ha convencido de eso? No fue Adam Smith. Sabemos que los desequilibrios no son sostenibles, que tarde o temprano llegará el ajuste, y en lugar de buscar un sistema que se ajuste de forma automática, un equivalente al patrón oro pero renovado para los tiempos actuales, queremos mantener un sistema donde un día puedes recibir todo el ahorro del planeta para financiarte, y al día siguiente tú moneda pierde el 90% de su valor o no encuentras a nadie que te preste un chelín.

Polos monetarios

La cumbre del G20 no servirá para llegar a ningún acuerdo, y sin embargo, la crisis va transformando el mundo de forma imperceptible pero constante. Los países se agrupan en bloques comerciales al estilo de la Unión Europea, como ALBA, MERCOSUR, ASEAN, ASACR, NAFTA, CEEA, CCEAG. Hay más, pero estos grupos son los que veo con mayores posibilidades de llegar a cuajar una unión más sólida. Estos acuerdos se plantean en principio a nivel comercial, pero debido a todos los problemas que hemos enumerado a nivel cambiario, y con los “capitales flotantes”, muchos de estos grupos se estudian uniones más sólidas a nivel monetario. Los primeros en dar el paso han sido los países de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, con el SUCRE. Lo que buscan estos países es aumentar el comercio entre los miembros, reduciéndolo con el resto del mundo, eliminar el costo de conversión de moneda, y por encima de todo no acumular cantidades enormes de reservas en una moneda cuyo valor no pueden controlar. Proyectos parecidos nos encontramos en la Asociación de Naciones del Sureste Asiático, que estudia una moneda única, o en el Consejo de Cooperación de los Países Árabes del Golfo, cuya propuesta se ve desde algunos medios como un ataque al dólar, e incluso a más largo plazo se esta planteando para la Asociación Sudasiática para la Cooperación Regional, la zona de influencia de India, que también estudia su proyecto.

Como estamos viendo, el euro no solo ha tenido el efecto importante de diversificar las reservas de divisas a nivel mundial. A nivel político ha tenido una repercusión enorme, por lo que la denominada crisis de deuda soberana de la zona euro puede tender a ralentizar todos estos movimientos progresistas.

La tensión, el enfrentamiento ente los distintos bloques, ya no se puede ocultar y Estados Unidos ha aprobado sanciones comerciales hacía China. Por su parte, la Unión Europea hace tiempo que aprobó procedimientos simplificados para imponer medidas antidumping y de salvaguarda de su industria. El fantasma de un nuevo proteccionismo esparce su sombra por el mundo.

Por último, el comercio del petróleo en dólares también está amenazado, la bolsa iraní de petróleo abrió sus puertas en 2.008, pero creo que de momento de manera modesta. También Rusia declaró en 2.006 su voluntad de abrir un mercado de petróleo comercializado en rublos. Sin embargo, creo que lo han pensado mejor y antes se desharán de todos sus activos nominados en dólares, por lo que a su ritmo actual de 8.000 millones al mes podrían tardar un año todavía.

De forma imperceptible, el mundo continúa girando, cambiando. Cuarenta años llevamos de desacuerdo y sería ingenuo que algo distinto pudiera salir del G20 de Niza. En este des-orden global cada cual ha decidido hacer la guerra por su cuenta, pero que no exista un orden, no quiere decir que el des-orden permanezca estático e inalterado.

La Gran Depresión fue posible gracias a una combinación de circunstancias difícil de repetir: el crash financiero, el shock monetario provocado por la vuelta a un patrón metálico, y el shock fiscal provocado por los aranceles y las medidas proteccionistas. Que sea difícil de repetir no quiere decir que sea imposible, ya tenemos el crash financiero y las tendencias hacía los shocks monetario y fiscal están comenzando a mostrarse, y sería una temeridad no prestar atención a esos riesgos. La evolución incontrolada de un estado de des-orden hacía otro, puede, precisamente por ser incontrolada, ocasionar resultados indeseados. El nuevo siglo se ha iniciado convulsionado por las sombras del anterior, pero quienes olvidan la historia están condenados a repetirla. No dudo que el siglo XXI verá erigir nuevos y grandiosos monumentos a la estupidez humana, solo espero que al menos sean distintos a los del siglo XX.




Post data: dejo aquí un texto largo, de dieciocho páginas, pero que me ha impresionado. El autor es Tommaso Padoa-Schiopa, considerado uno de los padres fundadores del euro y ministro de economía en Italia con Romano Prodi. Me ha impresionado porque es el primer texto que encuentro donde aparecen reflejadas punto por punto las ideas que yo he tratado de explicar en el blog, pero quien las formula es una persona de reconocido prestigio académico y político. Aquí os dejo The Ghost of BANCOR. Si, he copiado el título, creo que en la blogosfera debemos dar prioridad a la parte divulgativa sobre la creativa. El texto me parece que podría ser muy útil para explicar al conjunto de la población la dimensión monetaria de la crisis.