lunes, 26 de marzo de 2012

La política monetaria y la banca de inversión

Ex presidente Reserva Federal -He encontrado un "fallo" en el modelo que define como funciona  el mundo. Estoy conmocionado.- (2.008)

Queridos lectores,

Abordo hoy más en detalle un tema por el que pasé por encima en otros post, y a pesar de no ser demasiado intuitivo, lo haré sin caer en excesivos tecnicismos. Es posible que sea polémico para algunos de vosotros, así que espero vuestros comentarios críticos y bienintencionados, pueden ser muy útiles para pulir los argumentos.

Hace unos meses un estudio de la OCU, advertía del incremento del precio de los alimentos.


Una noticia se puede interpretar de formas distintas según cómo se cuente. El estudio de la OCU se presento de la siguiente forma “Los alimentos suben un 48% desde la entrada del euro”, lo que indica una clara intención de relacionar la subida de precio con la moneda única.

La idea es sencilla, el euro empezó a circular en 2002, los alimentos han subido un 48% desde esa fecha y todavía permanece en la memoria colectiva los excesos del redondeo del cambio de pesetas a euro; y en un contexto en el que la moneda única se encuentra bajo sospecha por la crisis de deuda, sin duda está idea refuerza otras pre-existentes.

El problema del razonamiento anterior es que para relacionar un incremento de precios con una moneda deberíamos saber cuanto se han incrementado en otras divisas. En una situación donde nos están advirtiendo que existe una crisis alimentaria en Somalia (donde no utilizan el euro), y donde nos dicen que el precio internacional de los alimentos está colocando a muchos pobres en una situación tremendamente complicada, resulta sorprendente como la gente que debería informarnos reproduce estos estudios sin el menor cuestionamiento de los mismos.

Afortunadamente disponemos de una agencia de la ONU, llamada FAO, que publica mensualmente un índice sobre el precio de los alimentos.





Si observamos que desde 2002 a 2012 el índice pasa de 90 a 213, podemos concluir que a nivel internacional los precios de los alimentos se han incrementado un 136% en estos 10 años. Posiblemente un informe del tipo “Los precios de los alimentos suben 88% menos en la zona euro que en el resto del mundo” no hubiese captado excesiva atención mediática. Pero, os preguntareis ¿Qué tiene que ver está larga introducción con la política monetaria y la banca de inversión? Primero deberemos hacer un pequeño recorrido histórico.


El dinero surge de la necesidad de garantizar el comercio, antiguamente este se realizaba mediante trueque, que es muy ineficaz dado que no permite una transacción entre dos personas si ambas no poseen el bien que desea la otra persona. Por está razón surge el dinero, un bien que es aceptado como medio de intercambio por una comunidad. Dinero puede ser cerdos, dientes de ballena, conchas, cacao, etc. De nuevo surge el problema del trueque en el contexto internacional, ya que los dientes de ballena pueden ser muy apreciados por una comunidad pero inútiles en otra, y así llegamos al concepto de divisa que es un medio de pago aceptado en una zona mucho más amplia que una comunidad. Históricamente el oro ha cumplido el papel de divisa mientras a nivel local se fijaba su cambio con otras monedas de plata, cobre, bronce, etc, por ejemplo, el emperador romano Julio Cesar estableció el cambio oro/plata en la relación 1/12. Pero ¿Qué relación tiene con los precios?

En el siglo XVI el navarro Martín de Azpilicueta explica la gran inflación que sufrió Europa unas décadas después del descubrimiento de América por la súbita afluencia de metales preciosos. Según el “Doctor navarrus”, el valor del dinero dependía de la oferta del mismo y no de su contenido y denominación. Es decir, el valor del dinero era una función del total de mercancías que servían como medios de pago y se encontraban en circulación en ese momento.

El descubrimiento de Martín lo visualizamos en otro post con el siguiente ejemplo: supongamos que tengo 2 cervezas y hay 3 personas y todas quieren tomarse una cerveza. Una tiene 3 euros, otra 2 y otra 1 ¿Cuánto valdrá la cerveza? 1,10 euros, por ejemplo, para que los dos que tienen más dinero se la tomen. En otro caso también tengo 2 cervezas pero tengo el doble de dinero, una persona 6 euros, otra 4 euros y otra 2 euros  ¿Cuánto valdrá la cerveza? 2,20 euros ¿Injusto? Hey, solo hay dos cervezas ¿que queréis que haga? ¿Repartir la cerveza? Eso es comunismo y tiene muy mala fama.

Esto posteriormente se expresaría así: M (dinero) = k x P (precios), expresión que sería criticada por economistas heterodoxos como John Maynard Keynes pero desde el punto de vista de que no necesariamente un incremento (o decremento) de M debería dar lugar a un incremento (o decremento) de P. Existe un enorme acervo empírico que corrobora la relación entre M y P pero Keynes indicaba que no siempre sería así.

Pero ¿Cómo se establece M, la cantidad de dinero? Es absolutamente definitorio de la realidad de las sociedades humanas que poco antes de que Martín Azpilicueta estableciera esta relación entre los medios de pago y los precios, se firmaba en Medina del Campo la primera letra de cambio que se conserva (aunque se sabe que se firmaron otras antes). Es decir, en ese mismo momento se estaba cambiando lo que Martín consideraba medios de pago. En lugar de monedas de oro o plata se firmaba un papel que decía que al tenedor del mismo se le entregaría tal cantidad de monedas en una fecha fija. Además el tenedor del papel podía venderlo a otra persona si no podía o no le convenía esperar hasta la fecha acordada.

Imaginad como facilita esto las transacciones, como permite que los bienes se intercambien. Ya no necesito un saco de oro o plata, ahora compro y contraigo una obligación sobre mi beneficio futuro: cuando venda los productos adquiridos a crédito en mi ciudad de origen podré abonar la letra de cambio. La cuestión esta en que si no materializo esa venta prevista estoy creando un problema tanto a mi como a los acreedores. Así pues, vemos que en el preciso momento en que se está formulando una ley que relaciona los medios de pago y los precios se está cambiando el significado de lo que consideramos medios de pago.

Antes incluso de la época de Martín de Azpilicueta, en el siglo XIV, en las ciudades estado italianas comienza a utilizarse el papel moneda como medio de pago. Originalmente era una nota que reconocía el derecho de su portador a ir al banco a retirar una cierta cantidad de monedas de oro y plata. Al principio, cuando esto era una novedad, la gente mostraba una gran propensión a ir al banco a por las monedas de oro y plata. Con el paso de los siglos cada vez fue más habitual que este papel moneda fuese aceptado en transacciones sucesivas. Así, la gente, en vez de ir al banco a por el oro, se quedaba el papel y lo utilizaba en otra transacción.

En estas condiciones, la cantidad de medios de pago, dinero o M podemos decir que vienen dados por está ecuación:

M = [(1-g)/(g+r)] x G

Donde G es la cantidad de monedas metálicas, g es la propensión del público a ir a por su oro al banco y r es la propensión de los bancos a mantener cierta cantidad de reservas de oro. Porque con el paso del tiempo los bancos habían aprendido que dado que la gente no volvía a por su oro al banco no era necesario emitir únicamente la cantidad de papel moneda que podían respaldar con metal.

El resultado de este largo proceso histórico fue que tanto g como r fueron tendiendo progresivamente a cero. En matemáticas un cociente de dos expresiones que tienden a cero se conoce como una indeterminación, en estas condiciones M estaría determinada por la demanda de dinero del público y los precios estarían completamente indeterminados.

Los bancos centrales, unas instituciones que se habían ido creando para socorrer a los bancos en dificultades durante las fases de recesión de la economía serían los encargados de resolver este problema.

Como hemos ido viendo durante la crisis, en la que se han convertido en protagonistas, prestan al sistema financiero una cantidad de dinero determinada (que con las políticas monetarias no-convencionales desarrolladas durante la crisis se ha convertido en ilimitada) a un tipo de interés determinado. Al mismo tiempo fijan un coeficiente de reservas obligatorio, que es el dinero que han de mantener los bancos sobre los depósitos que reciben del público. Es decir, que los bancos pueden prestar mucho más dinero que el que reciben del público en forma de depósitos.

Aunque es de sobra conocido por todos expliquemos para algún despistado como funciona la reserva fraccionaria.

¿Cuánto dinero crean los bancos?

Activo
Pasivo
Reservas (R)
Créditos (P)
Depósitos (D)


Supongamos que se realiza un ingreso en efectivo y que el banco debe guardar un 40% del mismo en concepto de reserva y que el público no requiere nada de efectivo.

Activo
Pasivo
Reservas (R) 10
Depósitos (D) 10


Ahora puede prestar parte de ese depósito

Activo
Pasivo
Reservas (R) 4
Créditos (P) 6
Depósitos (D) 10


Suponiendo que el préstamo se deposita en el banco

Activo
Pasivo
Reservas (R) 4
Créditos (P) 6
Depósitos (D) 10

Depósitos (D) 6


Realizando un nuevo préstamo

Activo
Pasivo
Reservas (R) 4
Reservas (R) 2,4

Créditos (P) 6
Créditos (P) 3,6
Depósitos (D) 10

Depósitos (D) 6


Y así sucesivamente

Con este sistema, de reserva fraccionaria, M está determinado por la Base Monetaria que es esta oferta que realizan los bancos centrales al resto del sistema financiero, y por el multiplicador monetario, que depende de la propensión de la gente a pedir prestado y a disponer de efectivo, que en el limite puede ser como mucho 1/c, siendo c el coeficiente de reservas obligatorio. En el caso de la eurozona m puede ser como mucho 50, aunque actualmente está en torno a 7,5 ya que hay una gran propensión tanto del público como de los bancos a mantener liquidez. Al mismo tiempo pueden tratar de influir en la propensión del público a mantener liquidez mediante la variación del tipo de interés oficial del dinero.

Aunque no es importante para el objetivo del post, la expresión que relaciona la base monetaria (M0) y la masa monetaria, que son los medios de pago de una economía es:

M = (1 + e)/(c + e) * M0, siendo "c" el coeficiente de reservas y "e" la propensión a mantener efectivo, la relación entre efectivo y depósitos.

Los bancos centrales disponen de más herramientas para controlar la oferta de dinero, por ejemplo, ellos exigen unas garantías para prestar al sistema financiero, que se denominan colaterales (anglicismo) o simplemente activos de garantía. Variando la política de aceptación de colaterales pueden orientar la propensión del sistema financiero hacía cierto tipo de instrumentos. Si aceptan deuda pública o títulos hipotecarios como colateral, los bancos tratarán de mantener en sus balances una cierta cantidad de hipotecas y de títulos de deuda pública.

Los bancos centrales realizan su política monetaria por tanteo, es decir, al final la cantidad total de medios de pago dependerá tanto del banco central, como del sistema financiero, como del público. El banco central tratará de acertar con el tipo de interés adecuado, la base monetaria adecuada y la política de colaterales adecuada para mantener estabilidad de precios, estabilidad del sistema financiero, así como el resto de objetivos que tengan encomendados.

En los años 70, tras el colapso del sistema de Bretton Woods de tipos de cambio fijos entre las monedas, el primer paso es la convertibilidad libre y sin límite entre divisas. Un paso lógico posterior que se produce en los años 80 es la desregulación del sistema financiero para adaptarse a esta nueva situación, pudiendo por ejemplo, captar o ceder créditos en el extranjero.

Todo este proceso ha conducido a una serie de cambios, que podríamos comparar con los lentos cambios en el significado de medios de pago sufridos entre los siglos XIV y XIX y que condujeron primero a la creación de los bancos centrales y después a dejar en sus manos la política monetaria.

En este proceso en muchos casos han sido pioneros los bancos de inversión, como los célebres Lehman Brothers y Goldman Sachs. Una lista muy pequeña de ejemplos sería:

-         La titularización de los prestamos
-         El crecimiento de mercados de derivados variados
-         Popularización de la cesión temporal de activos para captar liquidez
-         La formación de los conglomerados financieros, entidades sistémicas
-         La gestión de carteras mediante la diversificación de activos



 y añadía: “Es tal la actual creatividad en cuanto a instrumentos financieros nuevos y muy complejos...que no sabemos con certeza dónde están los riesgos”

Unas declaraciones inquietantes. Cuando se realiza una política por tanteo convendría saber donde están los riesgos, no vayamos a aumentarlos, ya que como nos ha demostrado la presente crisis, la estabilidad de precios no conduce necesariamente a la estabilidad financiera.

El comienzo del siglo XXI se caracterizo por un alto crecimiento y una baja inflación en un contexto de mucha liquidez, sobre todo en dólares, propiciado por la política expansiva de la Reserva Federal americana, en un esfuerzo por superar la recesión provocada por el estallido de una burbuja en la bolsa y los atentados del 11 de septiembre de 2001. La inflación bajo control se debía a que los bancos centrales asiáticos comenzaban a apilar enormes reservas de esos dólares, pero en un mundo que había sufrido un proceso de desregulación financiera, la estabilidad de precios puede no ser el indicador adecuado para la política monetaria.

El 12 de diciembre de 2007 los bancos centrales de los países desarrollados, la Reserva Federal, el BCE, el Banco de Inglaterra, el Banco de Canadá y el Banco de Suiza se coordinan para suministrar liquidez en dólares. Esa acción se repetiría poco después de la quiebra de Lehman Brothers. ¿Qué es esto de la liquidez?

El sistema financiero, los bancos, invierten a largo plazo, por ejemplo prestando una importante suma de dinero para la compra de un inmueble, y tienen que responder de obligaciones a corto plazo, por ejemplo cuando alguien acude a un cajero a retirar su dinero. Para afrontar este descuadre en sus balances tienen lo que se llama el mercado de dinero, básicamente obtener prestamos en efectivo a corto plazo utilizando colateral, o activos de garantía, con un vencimiento a largo plazo, por ejemplo un bono de deuda pública con vencimiento a 10 años. Durante el proceso de desregulación financiera se habían popularizado múltiples innovaciones para asegurar la liquidez, como los “repos” o cesión temporal de activos. El banco te da sus títulos de deuda, hipotecas, acciones y tu le das dinero, con un acuerdo de recompra para una fecha determinada. A pesar de estos inventos en 2007 no encuentran quien les preste a corto plazo y son los bancos centrales los que tienen que cumplir esa función.

La liquidez está relacionada con el precio de los activos financieros, poca liquidez y el precio cae, mucha liquidez y el precio sube. Veamos algunos ejemplos.



Esta gráfica relaciona la liquidez de los fondos de inversión y la evolución del conocido índice bursátil americano S&P 500

Las principales subidas se produjeron en 1974, 1982 y 1990, cuando los niveles de liquidez son superiores al 11%.
Las principales bajadas se produjeron en 1973, 1976, 2000 y 2007, cuando los niveles de efectivo estaban por debajo del 4,5%.  
En mayo de 1972 nos encontramos con un nivel de liquidez por debajo del 3,9% que fue seguido de un descenso del 46% en el valor del índice.
En marzo de 2000 el nivel era del 4,0% alcanzando el S & P un máximo hasta que en septiembre comenzaron a descender y lo hicieron un 43% en un año.
El siguiente mínimo histórico fue del 3,5%, establecido en junio y julio de 2007. El índice continuó subiendo hasta octubre de 2007 a lo que siguió un descenso durante 1,4 años del 56%.

Posteriormente, en pleno apogeo de la crisis financiera, en 2008, los bancos centrales comenzaron a expandir agresivamente la base monetaria. Básicamente lo que hacen es cambiar activos como deuda pública o títulos constituidos por hipotecas por dinero, aumentando la liquidez o reservas de los bancos. En concreto la Reserva Federal americana (FED) gastó 600.000 millones de dólares en noviembre de 2008 para la compra de títulos respaldados por hipotecas. En marzo de 2009 la FED compró deuda bancaria por valor de casi 2 billones de dólares, lo que repitió en junio de 2010 con una cantidad similar. Después de esas operaciones (llamadas QE1: Quantitative Easing 1), lanzó la QE2 en noviembre de 2010 comprando 600.000 millones de dólares de bonos del Tesoro a 1 año.

Esa agresiva expansión causo ciertos temores de inflación, aunque el efecto fue el siguiente



Por último el BCE lanzó recientemente dos subastas de liquidez a largo plazo, denominadas LTRO (Longer-term refinancing operations). En ellas presta liquidez contra colateral, y suministró aproximadamente medio billón de euros en cada una de ellas. El objetivo era dar liquidez y “rescatar” dos activos financieros cuyo precio se había derrumbado, los bonos de deuda pública española e italiana. El resultado de la primera subasta fue un éxito pasando los intereses del bono italiano a 10 años del 7 al 5%, lo que equivale a una subida de precio del activo del 20%.


La expansión de la base monetaria que realiza el banco central no aumenta directamente el dinero en circulación en la economía, aumenta las reservas de los bancos. Como dijimos, la creación del dinero dependería del banco central, que controla la base monetaria y de la predisposición de bancos y público por la liquidez y el crédito. En un contexto en el que hay una caída de precio de los activos, valores de bolsa y vivienda, es lógico que exista una mayor apetencia de liquidez. Vamos a ver todo este proceso para Estados Unidos en una gráfica. Dado que las materias primas se comercian en dólares es de esperar una mayor influencia en su precio de la política monetaria de la Reserva Federal

Crecimiento de distintos agregados monetarios desde enero de 1999. Fuente: FRED

M0 es la base monetaria que controla la Reserva Federal. Vemos que se ha ido incrementando de forma continua pero M1, el dinero en sentido estricto que circula por la economía (efectivo y depósitos a la vista) se incrementa proporcionalmente mucho menos. Eso quizás explica la baja inflación. Pero MZM, que son activos financieros muy líquidos y convertibles de forma instantánea en dinero se incrementa proporcionalmente más que M0 antes de la crisis de 2008. Es decir, el mercado de dinero, que es el que proporciona liquidez a los mercados de capital, estaba creciendo de forma importante, y ya hemos visto el efecto que tiene la liquidez sobre los activos financieros. En consecuencia, si sigues una política monetaria expansiva y no tienes inflación, quizás lo que obtienes es inflación de activos (valores bursátiles, deuda pública, deuda corporativa, derivados) y deterioro de los estándares de crédito.

Con posterioridad al comienzo de la crisis vemos como M0 se incrementa enormemente, con los bancos centrales dando liquidez al sistema financiero, aunque esa expansión no se filtra de forma proporcional a M1 o MZM, razón por la que tampoco hay inflación. Sin embargo, estas inyecciones de liquidez si que han tenido el efecto de mantener el precio de determinados activos como la bolsa de valores o la deuda pública, pero parece razonable suponer que la liquidez no se filtrará únicamente hacía ellos. En un contexto en el que tenemos unos activos, los títulos respaldados por hipotecas completamente ilíquidos y cuyo precio se ha derrumbado, la liquidez se filtrará hacía el resto de activos pero no de manera proporcional, más bien según las preferencias de los participantes. Pero no hay demasiadas opciones: acciones, deuda pública, deuda corporativa, materias primas.

¿Son las materias primas un activo financiero? Los productores de las mismas aseguran el precio de venta de las cosechas o la producción de crudo o mineral mediante contratos de derivados que se pueden negociar en un mercado. Es decir firmo un contrato en el que me comprometo a comprar trigo a 5 dólares, si finalmente el precio es superior, ese contrato subirá de valor y obtendré un beneficio vendiéndolo o adquiriendo el trigo a un precio inferior al mercado.

Es un hecho que ha habido una súbita afluencia de liquidez a los mercados de materias primas, el volumen de las transacciones en el mercado de derivados de Chicago se ha incrementado enormemente en los últimos tiempos. En esta tabla vemos el correspondiente a los productos alimentarios.



Una idea interesante puede ser comparar el índice de precios de la vivienda en EEUU, con MZM y con el índice de precios internacional de alimentos, podemos verlo en esta gráfica.

Fuente: FRED (MZM), Banco central de la República Argentina (Commodities)

Alguien podría pensar que la liquidez del mercado inmobiliario se filtra hacía las commodities. También es interesante notar que pese a las notables fluctuaciones, con posterioridad al estallido de la crisis el incremento del precio de materias primas va parejo al incremento de MZM. Y es que, como dijo Juergen Stark, funcionario disidente del BCE, la liquidez siempre encuentra su camino.

Stark: “Liquidez siempre acaba encontrando su camino, bien incrementando los precios al consumidor o el precio de los activos. Ya estamos viendo que la abundante liquidez disponible en los mercados globales ha llevado a una mayor inflación en los países emergentes y a aumento de precios de más del cinco por ciento en Gran Bretaña y más del tres por ciento en los Estados Unidos. Al mismo tiempo, los precios mundiales de las materias primas se han disparado, en especial el precio del petróleo.”

En julio de 2008 nuevamente Trichet advertía:"los mercados deben ser transparentes" y que si los implicados no logran acordar entre sí normas de actuación satisfactorias, “tendrán que regularse", apuntando contra la banca de inversión y la especulación.

Se encargaron varios informes con objeto de estudiar la influencia de los mercados de derivados en los precios, sin alcanzar conclusiones definitivas, dado que aunque existe una clara correlación entre el volumen de transacciones en el mercado de derivados de Chicago y el incremento de los precios, correlación no implica causalidad.

Sin embargo, luego vemos mensajes contradictorios cuando aparentemente los responsables de la política monetaria se plantean la posibilidad de no lanzar nuevos estímulos en base a los precios del petróleo.

Algunos defienden ideas distintas, es el caso del banco de inversión Goldman Sachs o del fondo de inversión de Jeremy Grantham, que postulan que la fuerte demanda de los emergentes ha provocado una súbita tensión entre oferta y demanda de todas las materias primas. En primer lugar, debemos considerar que son parte interesada, ya que se están lucrando con el negocio de las materias primas y cuantos más fondos puedan atraer hacía ese mercado más subirán los precios y más se lucrarán. En segundo lugar, tenemos que considerar que el proceso de globalización ha sido en gran parte una deslocalización de la producción, donde precisamente los países emergentes, con el propósito de lograr una rápida industrialización han mantenido reprimida artificialmente su demanda interna, controlando el tipo de cambio de sus monedas y la inflación, para evitar que los salarios reales aumenten por encima del nivel de subsistencia.

Veamos esta gráfica

Evolución del transporte, el PIB, y la producción industrial de los paises de la OCDE
Como puede verse hay un rápido crecimiento de las necesidades de transporte y por tanto de la demanda de combustibles. Por el contrario el PIB crece de forma mucho más exigua, en general en el sector servicios, ya que la producción industrial crece de forma prácticamente pírrica. Habrá que analizar los fundamentales de cada una de las materias primas por separado, pero creo que en general hay serios indicios de que para buena parte de ellas, una parte considerable del precio está provocada por una inflación de activos financieros facilitada por las políticas de los bancos centrales, y por la metástasis de la banca de inversión, extendiendo sus redes más allá de los mercados tradicionales de capitales.

Tanto la UE como EEUU han lanzado iniciativas para mejorar la transparencia de los mercados de derivados y mitigar los efectos de la especulación, sin embargo, el recurso a los especuladores parece en esta ocasión una salida fácil, no podemos omitir en la ecuación la prodigalidad de la política monetaria de los gobiernos. Es por eso, que mientras no se ponga en marcha una iniciativa similar a la antigua ley Glass-Steagal, la liquidez de los bancos centrales continuara filtrándose hacía la banca de inversión con funestas consecuencias para los más pobres.

Recordemos que Glass-Steagal, la solución más sencilla, la que nos da la película Inside Job, era una normativa que databa de los tiempos de la Gran Depresión y que consistía en fragmentar el sistema financiero, convirtiéndolo en una especie de cámaras estancas sin conexión entre si, de forma que la caída de una parte del sistema no arrastre al resto. Útil para evitar quiebras en cadena y para evitar que la liquidez vaya hacía donde no interesa.

Los responsables de la política monetaria tendrán que empezar a navegar entre dos aguas amenazantes, los peligros de la inflación, en particular en las materias primas y mantener bajos los tipos de interés de la deuda. A pesar de ello, la metástasis de la banca de inversión, a lo largo de 30 años, en un proceso de cambio e innovación que todavía no ha sido bien asimilado por los reguladores, es objeto de justificada inquietud. La diversificación de los activos, combinado con un elevado apalancamiento, lejos de constituir una forma adecuada de gestión del riesgo ha podido sembrar de minas todo el sistema financiero. Años después del comienzo de la crisis la banca sigue siendo un problema.

Las inyecciones de liquidez de los bancos centrales están evitando el derrumbe del precio de los activos financieros: acciones, deuda pública y privada y commodities. Eso implica que las empresas multinacionales, el capital, ve favorecida su financiación, al igual que el estado. Mientras los activos del 99%, el mercado, que son para algunos su vivienda y para otros su talento e innovación, no dejan de caer, ya que esa liquidez de momento no se filtra a la economía real, asalariados y pequeños empresarios.

Los bancos centrales y la banca de inversión siguen en el centro de la crítica de la población. Algunos se justifican con "fallos" inesperados, para otros esas teorías sobre "cisnes negros" resultan tremendamente sospechosas.

jueves, 1 de marzo de 2012

Una verdad incómoda


Queridos lectores,

A los españoles quizás os suene la frase “dar confianza a los mercados”, o de forma más concisa, el sintagma nominal “los mercados”. Desde la izquierda se dice que “los mercados” tienen nombres y apellidos ¿Tan difícil es saber lo que es un mercado? ¿No estaremos abusando del lenguaje? ¿Cuánta ideología hay en esas palabras?

Adam Smith, el padre de esta “ciencia” lúgubre (las comillas están bien puestas) que es la economía, acuñó el término “mano invisible” como metáfora del poder autorregulador de libre mercado. La idea es sencilla: mediante un mecanismo de competencia los que lo hacen mal, fracasan, los que lo hacen bien perduran; eso, no sólo enriquece a los empresarios virtuosos, sino que redunda en el bienestar social puesto que son puestos a disposición del público mejores bienes y servicios a un precio más barato.

Esta idea aparece de forma muy marginal en la obra cumbre de Smith, “La riqueza de las naciones”. De hecho, el término “mano invisible” aparece una sola vez, pero ha sido una idea central de las clases privilegiadas de la sociedad durante los siglos XIX, XX y comienzos del XXI, y desde esa cúspide lo ha inundado todo. Polemistas-filósofos-economistas como Ludwig von Mises o Friedrich August von Hayek y economistas como Milton Friedman incrustaron este concepto en el centro de su discurso.

En un panfleto audiovisual que se rodó a finales de los setenta, y que se llamó Libre para elegir” Milton Friedman afirma “El mercado libre permite a las personas ingresar a cualquier industria que quieran o comerciar con quien quieran, comprar en el mercado más barato del mundo o vender en el marcado más caro del mundo, pero, lo más importante es, que si fracasan, deben soportar la pérdida”. Posiblemente esto de soportar la pérdida os esté recordando a todos los bancos rescatados durante la actual crisis financiera.

Fernand Braudel

Pero ¿ha existido alguna vez un mercado libre? La respuesta es evidentemente afirmativa. Dejando a un lado ideologías y construcciones abstractas, así como modelos matemáticos de economistas, os propongo echar un vistazo a la historia de la mano de Fernand Braudel y de su libro “Civilización material, economía y capitalismo. Siglos XIV – XVIII”

Los juegos del intercambio, el segundo tomo

Quizás el siglo XVIII os parezca un tanto lejano, así que luego seguiremos sin la ayuda de Braudel hasta llegar a la actualidad.

Braudel es, en efecto, un historiador, que revolucionó la historiografía al considerar la influencia de la economía y otros factores, en la historia, y obviando que es de los más influyentes del siglo XX, es importante el hecho de que afronta estas cuestiones, no con la intención de ofrecer un modelo matemático basado en proposiciones más o menos axiomáticas sobre la condición humana, sino revolviendo los archivos de todos los países civilizados desde el siglo XIV hasta el XVIII: archivos urbanos, archivos privados de familias de comerciantes, documentos jurídicos y policiales, deliberaciones de las cámaras de comercio, registros de notarios, censos, son el objeto de su estudio “al margen de la teoría, de todas las teorías, bajo el exclusivo signo de la observación concreta y la historia comparada”.

La idea de Braudel de lo que Friedman y Hayek llaman mercado es tan intuitiva y sencilla que parece increíble que pueda ser enterrada bajo montañas de ideología. Para él existen tres niveles.

El primero sería la vida material, de importancia económica pero enfocada en el autoconsumo. Ese sería el nivel sobre el cual crecen los demás, las “espaldas anchas”, capaces de soportar el enorme peso de la actividad con valor monetario. Hoy en día tiene todavía gran importancia, aunque cada vez externalizamos mayor parte de él al mercado: cuando compramos comida preparada en vez de cocinar para un ser querido, o cuando delegamos el cuidado de los hijos o los ancianos a guarderías y residencias. Quizás llegamos a preguntarnos si merece la pena, pero muchas veces no tenemos otra opción para sobrevivir o simplemente para mantener nuestro nivel de consumo, pero yo recomiendo valorar si compensa o no en términos de un bien no monetario que algunos llaman felicidad.

El siguiente nivel sería el mercado tal y como lo entiende Braudel. Mercado, como zona de intercambios. En los siglos XIV a XVIII está representado por las ferias, las ciudades, bolsas de mercancías y de valores financieros. Sus propiedades son la transparencia, la regularidad y una capacidad para equilibrar la oferta y la demanda por medio de la competencia que todavía hoy se extiende por amplias capas de nuestra sociedad. Hay muchos ejemplos, pero yo suelo poner el de los bares, que intentarán distinguirse por su precio, su atención, la calidad y originalidad de sus tapas o su ambiente, cada uno adaptado a su tipo de cliente y bajo el peso de “aceptar la pérdida” si no consigue la aprobación de un número suficiente de ellos.

Por último estaría el nivel superior, en palabras de Braudel “Por encima de la enorme masa de la vida material diaria, la economía de mercado ha tendido sus redes y mantenido vivos sus diversos entramados. Y fue, de ordinario, por encima de la economía de mercado propiamente dicha por donde prosperó el capitalismo. Podríamos afirmar que la economía del mundo entero se hace visible en un auténtico mapa de relieve.”

Capitalismo como distinto de la economía de mercado: “El capitalismo (de ayer y de hoy aunque con fases más o menos fuertemente monopólicas) no elimina enteramente la libre competencia de la economía de mercado, de la cual surgió (y de la cual se nutre); existe por encima de ella y al lado de ella, pues la economía de los siglo XV y XVIII, comporta, ella dos niveles: los monopolios de hecho o de derecho, y la competencia; dicho de otra forma, el capitalismo tal y como he tratado de definirlo y la economía de mercado en desarrollo…… En esta zona estrecha y sensible del mercado es donde resulta posible y lógico actuar. En ella repercuten las medidas tomadas, como demuestra la práctica diaria. Tanto es así que se ha llegado a creer, con razón o sin ella, que los intercambios juegan por sí solos un papel decisivo, equilibrante, que allanan los desniveles mediante la competencia, ajustan la oferta y la demanda, y que el mercado es un dios escondido y benévolo, la “mano invisible” de Adam Smith, el mercado autorregulador del siglo XIX y la piedra angular de la economía, si nos atenemos al laissez faire, laissez passer. Hay en esto una parte de verdad y otra de mala fe, pero también de ilusión. ¿Podemos acaso olvidar cuántas veces el mercado fue invertido y falseado, arbitrariamente fijados sus precios por los monopolios de hecho y de derecho? Y sobre todo, si admitimos las virtudes competidoras del mercado (“el primer ordenador puesto al servicio de los hombres”), es importante señalar al menos que el mercado no es sino un nexo imperfecto entre producción y consumo, aunque sólo fuese en la medida en que sigue siendo parcial. Subrayemos esta última palabra: parcial. Creo de hecho en las virtudes y en la importancia de una economía de mercado, pero no en su reinado exclusivo. Esto no impide que, hasta una época relativamente cercana, los economistas razonasen única­mente a partir de sus esquemas y de sus lecciones. Para Turgot, la circulación se identifica realmente con el conjunto de la vida económica. Del mismo modo y mucho después, David Ricardo no ve más que el río, estrecho pero vivo, de la economía de mercado. Y si bien los economistas, desde hace más de cincuenta años e instruidos por la experiencia, ya no defienden las virtudes automáticas del laissez faire, el mito sigue aún presente en el ámbito de la opinión pública y de las discusiones políticas actuales”

Capitalismo como un mecanismo de acumulación de potencia, de la puesta en marcha de una relación de dominación específica sobre otros sectores de la sociedad, es decir, una jerarquía: “Las reglas de la economía de mercado, tal cual las describe la economía clásica, influyen mucho menos frecuentemente bajo su aspecto de libre competencia en la zona superior, que es la de los cálculos y la especulación. Aquí comienza una zona de sombra, de contraluz, de actividades para iniciados, que yo considero que están en la raíz de lo que puede comprenderse bajo la palabra capitalismo, siendo este una acumulación de poder (que basa los intercambios en una relación de fuerzas tanto más que en la reciprocidad de necesidades), un parasitismo social, inevitable o no, como tantos otros.”

Esta acumulación se multiplica con el comercio a larga distancia, y al mismo tiempo, la propia acumulación previa, necesaria para entrar en ese mercado, aseguran el monopolio: “El Fernhandel (comercio a distancia) es, por excelencia, un campo en el que se maniobra libremente, opera a unas distancias que le ponen a resguardo de los controles ordinarios, o que le permiten sortearlos; actuará, según los casos, desde las costas de Coromandel o las riberas de Bengala hasta Amsterdam; desde Amsterdam hasta cualquier almacén de reventas de Persia, de la China o del Japón. En esta extensa zona de operaciones, cuenta con la posibilidad de escoger, y escogerá aquello que le proporcione los máximos beneficios: ¿el comercio en las Antillas ya sólo produce beneficios modestos? Da lo mismo, ya que, en ese mismo instante, el comercio de la India y de la China garantiza la obtención de beneficios dobles. Basta, pues, con cambiar de punto de mira. De estos grandes beneficios se derivan considerables acumulaciones de capital, tanto más cuanto que el comercio a larga distancia sólo se reparte entre unas pocas manos. No entra cualquiera en él.”


Los capitalistas se aprovechan de las oportunidades de difícil acceso para los demás: la especulación sobre el futuro o sobre mercados lejanos, y en segundo lugar, se alían al estado para asegurar la capacidad de dominar desde las cumbres de la sociedad. El capital es un mecanismo de poder. El estado es otro, ciertamente. Pero lo importante es comprender que ambas potencias se complementan o se estorban sin que pueda entenderse la dimensión de cada una de ellas sin hacer intervenir la otra: “¿Hace falta señalar que estos capitalistas, tanto en el Islam como en la cristiandad, son los amigos del príncipe, aliados o explotadores del Estado?”

En definitiva, supone una acumulación que va más allá de los capitales, si bien estos son la condición inicial para toda otra suerte de ventajas como puede ser el crédito: “Muy pronto, desde el principio, traspasarán los límites nacionales y se entenderán con los mercaderes de otras plazas extranjeras. Poseen mil medios para falsear el juego a su favor, mediante la manipulación del crédito y el fructuoso juego de las buenas monedas contra las falsas: las buenas monedas de oro y plata se destinan a las grandes transacciones, al Capital; y las de cobre a los pequeños salarios y a los pagos cotidianos, al Trabajo, en consecuencia. Cuentan con la superioridad de la información, de la inteligencia y de la cultura. Y se apoderan a su alrededor de lo que es bueno aprehender: la tierra, los edificios, los ingresos… ¿Quién pondría en duda que tienen a su disposición los monopolios, o simplemente el poder suficiente para anular en un noventa por ciento de los casos a la competencia? Al escribir a uno de sus agentes de Burdeos, un mercader holandés le recomendaba que mantuviera secretos sus proyectos; si no, añadía, “le ocurriría a este negocio lo que a tantos otros en los que, en el momento en que surge la competencia, ¡ya se acabaron los beneficios!” Finalmente, y gracias a la masa de los capitales, pueden los capitalistas preservar sus privilegios y reservarse los grandes negocios internacionales de su tiempo. De una parte, porque en esta época de lentísimos transportes, el gran comercio impone largos plazos a la circulación de capitales: son necesarios meses, y a veces años, para que retornen las sumas invertidas, engrosadas por sus beneficios. De otra parte, porque generalmente el gran mercader no utiliza sólo capitales: recurre al crédito, al dinero de los demás.”

La sociedad como conjunto de conjuntos, estado y capitalismo son cosas distintas, aunque pensar en el último como baluarte de defensa contra el primero podría ser un espejismo, o quizás no: “Como privilegio de una minoría, el capitalismo es impensable sin la complicidad activa de la sociedad. De ahí que el Estado moderno, que no ha creado el capitalismo pero sí lo ha heredado, tan pronto lo favorezca como lo desfavorezca; a veces lo deja expandirse y otras le corta sus competencias. El capitalismo sólo triunfa cuando se identifica con el Estado, cuando es el Estado. En su primera gran fase, la de las ciudades-Estado de Italia, en Venecia, en Génova y en Florencia, la élite del dinero es la que ejerce el poder. En Holanda, en el siglo XV, la aristocracia de los Regentes gobierna siguiendo el interés e incluso las directrices de los hombres de negocios, negociantes o proveedores de fondos. En Inglaterra, con la revolución de 1688, se llega asimismo a un compromiso semejante al holandés. Francia mantiene un retraso de más de un siglo: sólo con la revolución de julio, en 1830, se instalará por fin cómodamente la burguesía de los negocios en el gobierno. Así pues, el Estado se muestra favorable u hostil al mundo del dinero según lo imponga su propio equilibrio y su propia capacidad de resistencia. Lo mismo ocurre con la cultura y con la religión.”

Para terminar: “Resumiendo, hay dos tipos de intercambio: uno, elemental y competitivo, ya que es transparente; el otro, superior, sofisticado y dominante. Si de ordinario no se hace una distinción entre capitalismo y economía de mercado es porque ambos han progresado a la vez, desde la Edad Media hasta nuestros días, y porque se ha presentado a menudo al capitalismo como el motor y la plenitud del desarrollo económico. En realidad, todo se sostiene sobre los anchos hombros de la vida material: si ésta crece, todo va hacia delante.”

Este concepto de acumulación de potencia recuerda mucho al principio que ya enunció Karl Marx del “Aumento sostenido de la concentración de capital”. Marx vivió en el siglo XIX, y escribe El Capital en 1.867, cuando ya se atisba la Segunda revolución industrial o Gran capitalismo, un periodo donde se acuñarían las mayores fortunas de la historia en términos reales (descontando la pérdida de valor del dinero o inflación), la época de los llamados Robber Barons (Barones Ladrones), una denominación que se acuñó para designar a los industriales americanos de este periodo, que amasaron sus inmensas fortunas mediante métodos poco éticos.



El término originalmente hacía referencia a señores feudales que cobraban cuantiosos aranceles a los barcos que transportaban mercancías por el Rhin. Hay varias metodologías para comparar fortunas a lo largo de la historia, pero con cualquiera de las utilizadas los barones ladrones copan los primeros puestos: John D. Rockefeller aparece en primer lugar (entre 600 y 400 mil millones), Andrew Carnagie (300 mil millones) en segundo, y los Vanderbilt (Cornelius y William, padre e hijo, 200 mil millones) cerca de la tercera posición.

Si a Cornelius Vanderbilt se le atribuye la frase “¿Por qué he de preocuparme por la ley? ¿No tengo ya el poder?”, John D. Rockefeller solía decir que la naturaleza recompensa a los más aptos y castiga a los inútiles: la “mano invisible” de Smith ensalzando a unos a una opulencia más allá de la exuberancia y enviando a otros a la más absoluta de las miserias. Pero Smith, en los comienzos de la Revolución Industrial inglesa no había contemplado la fastuosa acumulación de potencia, en palabras de Braudel, que consiguió John D. Logró acelerar este proceso de acaparación cuando su tamaño fue suficiente para pactar precios especiales con sus proveedores en la distribución de hidrocarburos, las compañías de ferrocarriles, pero dejó tras de sí un rastro de irregularidades, artimañas, sobornos y extorsiones. Por poner un ejemplo, Harry F. Sinclair, uno de sus principales competidores, fue a parar nueve meses a prisión por unas acusaciones falsas. De una u otra forma consiguió arruinar a sus rivales, hasta lograr un monopolio absoluto del refino y la distribución de hidrocarburos en Estados Unidos.

Rockefeller mantuvo ese monopolio durante los 21 años que pasó batallando con el gobierno, que finalmente logró disolverlo, aunque por aquel entonces ya había extendido sus redes por otros negocios, formando el primer trust, o conglomerado de empresas. Entre esos nuevos intereses estaba el carbón y en concreto su explotación en Colorado. Fue allí donde años más tarde, en 1.914, llevando ya las riendas del negocio el hijo de John D, en un lugar llamado Ludlow, 1.200 mineros que se jugaban la vida todos los días fueron a la huelga. En aquella época y en aquellos lugares las huelgas no eran como ahora, los patronos contrataban nuevos trabajadores (había mucha más flexibilidad laboral) y los huelguistas trataban de impedir su acceso al trabajo en violentos enfrentamientos. El campamento de los mineros terminó asediado por seguridad privada y por la guardia nacional

Hombres de la agencia Baldwin-Felts controlando el campamento de huelguistas

fue tiroteado e incendiado

El campamento tras el incendio

y murieron entre 19 y 25 personas, entre ellos 2 mujeres y 11 niños que no pudieron escapar de una tienda en llamas


El entierro de las víctimas

la mano invisible, quizás se ensañó demasiado esta vez con los “inútiles”

Estas confrontaciones por los derechos laborales nos parecen hoy lejanas, aunque seguramente las condiciones de los mineros de Ludlow no son tan diferentes de otras que se puedan encontrar ahora en el planeta. Pero si aún así todavía conservamos una idea simple y lineal del progreso, deberemos admitir que “los monopolios de hecho y de derecho”, siguen siendo una realidad muy tangible. Por ejemplo, la norteamericana Boeing fue el único fabricante de grandes aviones comerciales durante 30 años, hasta hace apenas 10 años. La competencia entre Boeing y Airbus (una empresa público – privada controlada por industriales alemanes y los gobiernos francés y español) es un ejemplo, a tenor de las revelaciones de wikileaks sobre presiones políticas para cerrar los contratos, de complementación entre estado y capitalismo.

Las formas de adueñarse de un mercado, han sido sistematizadas para ser enseñadas en las escuelas de negocio y hoy se conocen como las cinco fuerzas de Porter.



Que por cierto son ideas bien sencillas:

Poder de negociación de los compradores o clientes: Esto es más o menos lo que hace Microsoft cuando nos obliga a pagar 120 euros en licencias por un sistema operativo que podríamos adquirir gratis. Microsoft lo que hace es “negociar” con los fabricantes de ordenadores, para que solo vendan sus equipos con el sistema operativo ya instalado. Si bien es posible adquirir ordenadores sin sistema operativo, y en ese caso el usuario podría instalar uno gratis, en España solo puedes hacerlo en determinadas ciudades y acudiendo a sitios específicos, que son desconocidos por el gran público.

Poder de negociación de los proveedores o compradores: Esto es lo que hizo John D. Rockefeller con las compañías de transporte ferroviario. Él tenía gran parte de los hidrocarburos refinados y había bastantes compañías de transporte. Como gran cliente fue capaz de negociar con varias compañías hasta que logró el precio mínimo. Hoy hacen lo mismo las grandes distribuidoras de alimentos, que en España son Mercadona, Carrefour, Alcampo, y dentro de un ámbito más amplio que la alimentación, El Corte Ingles.

Amenaza de nuevos entrantes: Aquí tenemos en parte el concepto de Braudel de acumulación, en el sentido de que hay ciertos negocios, por ejemplo la fabricación de aviones, que necesitan una inversión inicial altísima; y otros en los que si bien se pueden entrar, están sometidos a economías de escala; es decir, que el coste de producción disminuye cuando se fabrican más productos y por tanto podrá fabricar más barato quien fabrique mayor número.

Amenaza de productos sustitutivos: Puede producirse por el cambio tecnológico, y las empresas lo que hacen, cuando son grandes y tienen poder de presión, es tratar de censurar o cerrar el camino a estos nuevos productos.

Rivalidad entre competidores: No es más que el resultado de la aplicación de las cuatro anteriores.

Porter se “olvidó” de otra fuerza que estamos comprobando que es fundamental, pero que Braudel, al que le es indiferente la corrección política, no hubiera olvidado. Aportamos entonces mediante este post una mejora del modelo de Porter, que sugerimos se incluya a partir de este momento en todas las escuelas de negocio, y que podríamos llamar “fuerza de Braudel”

Poder de negociación de los reguladores y supervisores (el estado): Esto es lo que hacen los too big to fail cuando presionan para ser rescatados con fondos públicos, con la excusa del bien común, y aquí no habría que hablar solo de los bancos, muchas otras industrias han sido subvencionadas. Normalmente lo que se hace es ofrecer dinero por achatarrar un bien que funciona perfectamente para que compres otro.

Esta sexta fuerza es la única en la que se fijan los liberales, que adolecen de una miopía importante al no reconocer que la corrupción es cosa de dos complementarios, tal y como los define Braudel: capitalismo y estado. La naturaleza del capitalista es acumular, nos dicen, igual que la naturaleza del escorpión fue picar a la rana cuando ambos atravesaban el río; y acto seguido nos dicen que la solución es adelgazar el estado en un “argumento exótico” del tipo: “si el perro que vigila las gallinas es perezoso ¿Por qué no dejamos el gallinero sin vigilancia y a merced del zorro?”

Las reglas del juego no son inmutables y la tecnología puede cambiarlas, y un sector explotado de forma capitalista puede sumergirse en el mercado o incluso en la vida material. Eso es lo que está pasando con la industria discográfica y de la información, y para evitarlo, cuando no se puede recurrir a las fuerzas de Porter, los capitalistas recurren a la sexta fuerza, la de Braudel, tratando de imponer leyes irracionales y coercitivas como las leyes SINDE y SOPA. Algunos argumentan que se están perdiendo puestos de trabajo, y muchas veces el sintagma “puestos de trabajo” tiene adjetivo de localización, en el caso de la industria de contenidos “en America (por USA)”, o en cualquier lugar donde estén radicados los monopolios. Esto es muy discutible, por ejemplo en la prensa se están creando periódicos digítales con unos beneficios muy reducidos, y menores salarios para los directivos. Pero incluso si se perdiesen puestos de trabajo, porque la gente decide utilizar su tiempo libre para crear y difundir contenidos de forma gratuita, solo puede verse de forma positiva. Lo que implicaría esto es que esa actividad está regresando al ámbito de la vida material y el autoconsumo. Dicho de otra forma: que no paguemos por respirar no significa que estemos perdiendo una “actividad económica” y en consecuencia “puestos de trabajo”, el problema es nuestra forma de distribuir la producción, siendo las únicas opciones trabajar una jornada de 40 horas o más o cobrar un subsidio por no hacer nada.

El problema es también el sobreprecio que pagamos por todo como consecuencia de su producción monopólica u oligopólica. Porque no lo dudéis, John D. fue el más eficiente mientras existían competidores, pero una vez eliminados todos pudo fijar el precio que maximizaba sus beneficios, que en un monopolio es aquel en el que una subida adicional provocaría una caída de las ventas que disminuiría dicho beneficio. Pero hasta llegar a ese punto se puede elevar el precio un buen trecho. Lo que significa que mucha gente tuvo que consumir menos aceite para lámparas, o incluso prescindir de su consumo y no poder estudiar por las noches. Y significa también que las ciudades podían iluminar menos calles.

Podría parecer que el destino, el creador o la ley natural, lo que más os guste, tiene un extraño sentido del humor. De esta forma se podría entender que un siglo después, el bisnieto del hombre que fue capaz de imponer un monopolio puro, se lamente de forma apasionada en el senado americano, y clame contra la tecnología que está poniendo contra las cuerdas los monopolios de la industria de contenidos.


Sin embargo, no hay humor ni casualidad en esto, sino unas indicaciones muy claras sobre donde vivimos, como es nuestro mundo. Internet no debería haber existido, dice Rockefeller, y el argumento es “la seguridad” ¿La seguridad de quien, cabría preguntar? Para vosotros wikileaks es una amenaza, pero no para mí. Sin duda, otro “argumento exótico”, el capitalismo siempre encuentra gente que se vende barato para defender cualquier idea absurda. No me refiero a Rockefeller claro, él no necesita venderse. Me refiero a la tropa que salió a criticar el libro sobre los barones ladrones, con el argumento de que estos grandes capitalistas habían dado “un orden” a la industrialización de Norteamérica. Primero se nos dice que hay una mano invisible que crea un “orden natural”, que resulta ser el mejor de los posibles, y cuando esto no ocurre se nos dice que en realidad el orden natural era desordenado y tuvieron que llegar los barones ladrones para ordenarlo.

A mi personalmente me parece que tras 30 años de globalización, otra vez estamos rodeados de barones ladrones. Rodeados casi como lo estaban los mineros en Ludlow


La libertad de movimiento de capitales ha supuesto un gran impulso para favorecer la concentración de capital. Esto no es tanto por el comercio, ya que libertad de movimiento de capital y comercio en realidad son cosas distintas, sino por la desregulación financiera y la facilidad de acceso al crédito, que se ha utilizado para comprar empresas en casa o en el extranjero.

Hace unos meses algunos se sorprendían con un estudio empírico que revelaba que tan solo 147 empresas transnacionales controlaban el 40% del ingreso global. Al decir controlaban, no quiero decir que ese beneficio vaya a parar a esas 147 empresas. El esquema es el de una interconexión, y esa interconexión se realiza mediante un vínculo de propiedad y decisión a través de la compra de acciones.

Representación de las interconexiones entre multinacionales, los puntos rojos serían  las 147 empresas del núcleo

Es muy sencillo, la empresa transnacional X compra entre el 2 o el 20% de la empresa transnacional Y. Si compra el 2% eso le permitirá designar un consejero y por tanto conocer todos los movimientos y decisiones de Y, si por el contrario compra el 20% colocará 3 consejeros y elegirá al presidente, es decir, tomará las decisiones. En la cima de esta red están las empresas financieras, lo cual es lógico, recordad lo que nos decía Braudel sobre el capitalismo y la facilidad de acceso al crédito.

Esta formidable acumulación de potencia, casi deja en pañales a la del monopolio del viejo John D, no tanto a nivel lucrativo, porque las participaciones en otras empresas son pequeñas, como a nivel de poder e información. Una verdad sencilla que mucha gente rechazará, puesto que exige cambios profundos en nuestra idea del mundo y de nosotros mismos; puesto que podría perturbar nuestro sueño. Pero, ¿acaso no hemos visto a lo largo de la historia que la lógica del capitalismo es la acumulación y la jerarquía? ¿Acaso no dijo ya Marx que había una tendencia (que podría ser contrarestada eventualmente por otras contratendencias) al incremento sostenido de la concentración de capital?

En los 80 observamos en Estados Unidos una fiebre de fusiones y adquisiciones con apalancamiento, es decir, Wall Street comprando empresas y formando conglomerados más lucrativos. En España observamos como un “gran” y desconocido empresario aparecía con capitales foráneos y a base de crédito formaba un gran Holding que se llamó RUMASA. Cuando se vio incapaz de devolver los préstamos estuvo a punto de provocar una quiebra en cadena de todo ese entramado empresarial, a un paso de derrumbarse como un dominó, por la interconexión que provoca el apalancamiento. Estos sucesos son conocidos puesto que fueron mediáticos (lo de EEUU dio lugar a una película de Oliver Stone) pero no son más que la espuma por encima de un gigantesco océano, las “chispas” visibles de un proceso oculto de concentración y acumulación sin parangón en la historia de la humanidad.

Las consecuencias de este proceso son muchas, algunas no necesitamos pensar mucho para alcanzarlas: quien tiene poder lo ejerce. Os invito a reflexionar sobre unos hechos concretos, los que describe el documental “Who killed the electric car?” No me gusta razonar en base a ejemplos puntuales, pero los sucesos descritos en este documental son tremendamente esclarecedores de lo que implica la interconexión y la acumulación de potencia.



A mediados de los 90 General Motors presentó lo que se denomina un coche conceptual, es decir, un producto para potenciar su imagen de marca. La imagen de marca, junto con la publicidad, son estrategias que son particularmente efectivas para expandir la economía capitalista sobre el mercado, en aquellos sectores donde no funcionan las estrategias de Porter, como la hostelería. Es así como el capitalismo de los McDonalds y Starbucks intenta imponerse sobre el mercado. Este producto meramente publicitario era un coche completamente eléctrico. Unos políticos tenían graves problemas por la contaminación ambiental, así que tomaron una decisión imprevista: si existe, hay que venderlo.

El coche eléctrico, llamado EV1, no era ninguna maravilla, todo hay que decirlo. Tenía una imagen frágil y un tanto ridícula y una autonomía de apenas 100 km. Pese a ello, y sorprendentemente, había gente interesada en el vehículo, y sobre esto hay controversia en el número, pero es indiferente de cara a nuestras conclusiones: da igual que fuesen 100 o 5.000. El final de esta historia es lo que resulta ilustrativo. GM decidió recuperar los coches y achatarrarlos, y esta decisión no se puede justificar desde un punto de vista económico, por muchos “argumentos exóticos” que se acumulen en un tratado de gestión empresarial. El coche estaba fabricado, se había incurrido ya en unos costos de fabricación, se podía recuperar parte de los costos vendiendo el coche, da igual que fuesen 50 unidades o 1.000, el beneficio siempre sería mayor que con la decisión adoptada: en lugar de obtener un ingreso incurrir en un nuevo costo, transporte hasta desguace, achatarramiento y deposición en vertedero. Esta decisión nos muestra que GM es capaz de invertir dinero en defender el motor de combustión interna, y dado que a ellos les da igual producir coches con uno u otro motor la única explicación viable es que los propietarios de GM tienen intereses más amplios, por ejemplo en los hidrocarburos.

Ya lo he dicho: quien tiene poder lo ejerce, y lo hará en función de sus intereses, que pueden no coincidir con los del 99% de la población.

Para terminar, una última reflexión de Braudel “Lenin, que tenía una mente perspicaz, escribe lo siguiente en el mismo folleto de 1917: Lo que caracterizaba al antiguo capitalismo, en el que reinaba la libre competencia, era la exportación de mercancías. Lo que caracteriza al capitalismo actual, en el que reinan los monopolios, es la “exportación de capitales. Estas afirmaciones son más que discutibles: el capitalismo ha sido siempre monopolista, y mercancías y capitales no han cesado nunca de viajar simultáneamente, al haber sido siempre los capitales y el crédito el medio más seguro de lograr y forzar un mercado exterior. Mucho antes del siglo XX, la exportación de capitales fue una realidad cotidiana. Lo que, por mi parte, siento, no como historiador sino como hombre de mi tiempo, es que tanto en el mundo capitalista como en el mundo socialista no se quiera distinguir capitalismo de economía de mercado. A aquellos que, en Occidente, critican los defectos del capitalismo, los políticos y economistas responden que es un mal menor, el reverso inevitable de la libre empresa y de la economía de mercado. No lo creo en absoluto. A los que, por el contrario, siguiendo una tendencia sensible incluso en la URSS, les preocupa la pesadez de la economía socialista y quisieran facilitarle un poco más de “espontaneidad” (yo traduciría: un poco más de libertad), se les responde que es éste un mal menor, el reverso obligatorio de la destrucción del azote capitalista. Tampoco lo creo.”

Mercado, capitalismo y estado son cosas distintas. Tenemos que buscar, por un lado, una disposición del estado más favorable a los intereses del mercado, donde se encuentra el 99%. Por otro lado debemos ampliar el campo de batalla y defender todas las posiciones que favorecen el mercado; en particular me parecen importantes aquellas que se derivan de las nuevas tecnologías. Sin olvidar otras herramientas, viejas conocidas, como la producción pública de aquellos bienes que por ser intensivos en capital o por constituir un monopolio natural nunca podrán desarrollarse dentro de un mercado, el mutualismo, el asociacionismo: laboral o de consumo, y otras, no pretendo ser exhaustivo en estos momentos. Hay mucho camino por recorrer para comprender porque esas viejas herramientas han empezado a ser menos efectivas, a raíz de la expansión del sector servicios en los años 80, de la mano de la globalización y de la expansión de la sociedad de consumo, con la segmentación de los mercados para adaptarse al nuevo individualismo, en un mundo donde la información era producida de forma capitalista y por tanto oligopólica, y prometía de forma insistente la liberación a través de la presunta libertad económica. Hay mucho pensamiento que desarrollar para adaptar las viejas herramientas a las nuevas realidades de la posmodernidad que nos describe Zygmunt Bauman.

El mundo continuará girando y la sociedad evolucionando, en un proceso dialéctico de imprevisible resultado. Hemos estudiado un único ejemplo, pero sin duda el más importante, de lo que los economistas llaman fallos de mercado. Ellos definen esto como poder de mercado. La pretensión de poder encerrar el mundo en un estrecho modelo, construido a partir unos pocos axiomas o leyes naturales, encierra a veces una gran carga ideológica; pero lo que llaman poder de mercado es la esencia del capitalismo, que a su vez es muy distinto del mercado, lo que a algunos les resultará una verdad incómoda.